jueves, 23 de octubre de 2014

COMPILADOR DE ESPACIOS Y TIEMPOS






JESÚS CAVIGLIA
COMPILADOR DE ESPACIOS Y TIEMPOS 

Hay Luz. No la tocamos ni la vemos.
Octavio Paz 

La materia del libro es el tiempo. Por eso es uno de los objetos más humanos sobre la tierra. No hay nada en él que no seamos nosotros; sus virtudes y atrocidades nos pertenecen así como nosotros le pertenecemos a él. Su tiempo está acorde a nuestra escala de percepción, es el que nos corresponde y está ajustado a los ritmos de nuestra vida cotidiana. No es el del inabarcable universo ni el de los cuantos indescifrables, aunque todo ello esté incluido en su interior. El libro es el tiempo que somos y también el espacio porque uno no puede ser escindido del otro. Entonces, es justo afirmar que es un tejido común con la memoria y el cuerpo, el habla y el silencio, la realidad y sus negaciones, la vida que desestima sus límites, las compañías reales e imaginarias, los muertos que a veces regresan, el texto que se vuelve sobre sí mismo y los materiales que aceptan el padecimiento de los años. Su naturaleza no puede ser discernida de la nuestra porque ambos desapareceríamos.

Caviglia es un artista seducido por la memoria y apasionado por la intervención. Esto salta a la vista en el compendio de libros y lecturas que nos ofrece en esta muestra, donde uno y otro son ejemplo de esa naturaleza común. Su trabajo puede equipararse al de los poetas de la antigüedad, al de los aedos que recorrían los pueblos con los mitos a cuestas y al de los copistas medievales que llenaron los textos sagrados de interpolaciones. Sus ensamblajes son reminiscencias que han sido añadidas a otras reminiscencias. Son piezas provenientes de la intimidad colectiva, de las lecturas silenciosas hechas sobre  historias que le pertenecen a todos los seres humanos. Por eso vemos en los libros citas que aterrizan en otras citas, imágenes-palabras y palabras-imaginarios, marcos que multiplican las referencias, falsos centros que invitan al movimiento y un juego de miradas que suscita el discurso y permite que nada deje de hablar.  


 Este compilador, que aquí llamamos artista, es un recolector y ensamblador de espacios y tiempos. Desde hace años le ha obsesionado la investigación de diversas formas de lectura. Ha ahondado en los altares donde las maderas y las antigüedades encuentran su propia sacralidad, en los televisores que transmiten memorias de objetos y abren diálogos nunca imaginados, en los platos servidos para la reinterpretación de formas y estilos dejados a la nostalgia, en las puertas y ventanas que no son umbrales sino estados de contemplación, en las gavetas y cajones que guardan el efecto expresivo de los materiales, en las meninas re-contextualizadas y en los libros que hoy están entre nosotros, y nosotros en ellos, en una performance donde todos estamos ensamblados en la misma contemplación.

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