viernes, 24 de diciembre de 2010

Jesús Caviglia




El sentido de la Comunión en Jesús Caviglia

            La comunión está en el fundamento espiritual del fenómeno religioso. Compartir en comunidad, orar en grupo o bien comulgar con aquello que nos da sentido trascendental. De ahí las palabras del Cristo: " Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ustedes". Si lo ponderamos desde esa perspectiva, la reunión es el lugar de la palabra  —lo fue en los sermones de Jesús, Mahoma y Buda entre otros—, es el lugar de la ordenación de los objetos como ocurre en el ritual y es, asimismo, el ámbito de relación de los conceptos y las emociones. Si lo tensamos un poco más acá es el espacio que reúne lo material y lo inmaterial para darle sentido a nuestra relación con lo divino, por lo tanto, con aquello que define desde tiempos inmemoriales nuestra humanidad.

            Los ensamblajes que nos presenta Jesús Caviglia, durante el mes de diciembre, en la Galería Templarios, unen objetos materiales, poéticos y espirituales. La unión de lo material hace coincidir maderas, porcelanas, metales y vidrios con los versos del escritor andino Juan Beroes. Entran en comunidad las cosas que el artista ha recolectado con las palabras que el poeta ha seleccionado. Lengua y objetos se corresponden en un ritual celebrado para conseguir, en lo expresivo, el sentido que lo llevarán hacia el otro: el lector, espectador, feligrés.

            Seguidamente, lo poético nos refiere a la convivencia de lo plástico con lo literario. La forma del libro-altar sirve de a priori al ensamblaje de los artificios del verso con los de la composición espacial. Ahí ocurren las correspondencias entre lo poético y la imagen. Es un proceso propio de relación milenaria entre la literatura y la iconografía religiosa: libros iluminados, altares barrocos, versos del Corán labrados tipográficamente en las mezquitas y símbolos del calendario en la arquitectura maya. Caviglia sigue esa tradición que no es otra distinta a la ofrecida por la mayoría de los textos sagrados. Es la que encontramos en la Biblia cuando leemos en el Génesis: "en el principio fue el Verbo". Un verbo que inició todas las formas del universo.

            Finalmente, lo espiritual reúne la fe y la sensibilidad. Su acoplamiento hace entrar en comunión las inquietudes espirituales del poeta con las necesidades expresivas de Caviglia. Los textos de Beroes son una suerte de colección de miniaturas religiosas. Es la representación lingüística de los autos de fe que pareciera festejar en su búsqueda interior. Sin embargo, participan en estos ensamblajes no como miniaturas sino como una espiritualidad aumentada por la fuerza numinosa del ritual que Jesús Caviglia les ofrece. El artista los desplaza hacia otra posibilidad de lectura. Al encuentro de una comunión que no hubiese esperado el poeta y la cual, sin embargo, los activa y devuelve al prójimo fortalecidos por este ritual.

            Los libros que Caviglia nos presenta son unos altares; ellos unifican palabras, objetos, geometría, inmanencia, trascendencia, interioridad y exterioridad entre otras cosas. Tienen la fuerza expresiva de las imágenes sagradas, de la oración y el sentido ritual del acto de la Comunión. Sin embargo, dejarlos atrapados en esa idea sería limitarlos a una tradición cuando ellos pertenecen, más bien, a una acción. Por ello, prefiero forzarlos hasta sus últimas posibilidades y definirlos como huacas. Es el término precolombino utilizado para designar como sagrados a  los objetos que un evento, un espacio, un fenómeno o una intención los convertía en tal. El ejercicio estético-espiritual que permitió la existencia de estas piezas ha sido más que un acto de creación o recreación artística. Se trató, no obstante, de un evento capaz de activar en ellos su sentido cultural y religioso. Es la fe que les permite ser huacas en el mundo contemporáneo. 






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