lunes, 12 de marzo de 2012

Joyas Vivas




Joyas Vivas
Fotografías del patrimonio escultórico del Cementerio General del Sur

El objeto desempeña un papel dramático, es de pies a cabeza un actor en la medida en que desbarata cualquier simple funcionalidad. Y por ese motivo me interesa.
Jean Baudrillard

La “muerte viva” es aquella que permanece en el discurso humano con su carga cultural; referida a una trascendencia y a una tradición. Es la que continúa, como símbolo, vinculándonos a nuestra existencia y no a nuestra desaparición. Es, a la vez, el salvoconducto que nos permite el ritual de “pasar a mejor vida”. Sin embargo, no es un misterio señalar que eso se ha perdido en nuestra sociedad serializada, apurada y sumida en la hipertecnología. Hoy la muerte está escondida tras las cifras de las estadísticas oficiales o se encuentra distanciada gracias al escándalo de las noticias de sucesos, la cirugía plástica, la moda y todo el sistema mitológico de nuestro mundo espectacular.
Volver al Cementerio General del Sur —o bien a “tierra de Jugo” como nos indica Jesús Caviglia, en el libro Joyas Vivas, que le denominaban nuestros antepasados al camposanto del oeste de Caracas—, a observar y registrar el patrimonio escultórico que ahí permanece, ¿es un retorno a esa “muerte viva" o es un ejercicio de añoranza? Yo diría que el haber hecho este libro es un acto ritual en tres direcciones. La primera está asociada al reencuentro asombroso con el imaginario de la muerte que la sociedad caraqueña tenía en el siglo XIX y principios del XX: el significado de las imágenes custodias de las tumbas, sus expresiones patéticas y piadosas, la tradición religiosa que les da sentido, la marca social implícita en sus dimensiones y materiales, la dignidad del muerto y la tradición de la familia, lo que fue silenciado y todo aquello que comenzó a ser dicho. La segunda nos remite a la historia del arte en Venezuela: sus autores y los estilos, los delirios neoclásicos de Guzmán Blanco, la búsqueda de identidad y estructura a través de las formas bellas y correctas, y el carácter cosmopolita de una ciudad en reconstrucción. Finalmente, el tercero está en la fotografía: el ojo y el pensamiento que registran no una historia sino un mapa de la sensibilidad, del detalle y la comprensión del espacio. La fotografía reúne la posibilidad de mirar desde el presente y conectar con esas condiciones que en el pasado le dieron sentido a las esculturas. Es una relación que nos seduce. Se trata de una mirada del presente, que nunca intenta engañarnos, capaz de revelarnos la presencia de una cultura hoy desconocida y las señas del tiempo transcurrido. No hay nostalgia; estamos frente a una mirada seducida por el arte y el tiempo. 
           Las fotografías de Orlando Monteleone en Joyas Vivas nos remiten más a un ritual de la vida que a una memoria de la muerte. Las imágenes prodigiosas recogidas en este libro cumplen aún el cometido de reunir, en un espacio estético, a los presentes y a los ausentes. Lo seguirán haciendo sin importar el abandono al que puedan llegar a estar sometidas. Esas tumbas han sido el lugar de descanso para los fallecidos y, a la vez, han acogido con elegancia a los visitantes. Son el espacio del difunto y, también, de la familia y de toda la cultura que los reúne en la vida y en la muerte. Apreciarlo en este bello libro es detenernos, estéticamente, una vez más en la idea de que vivir debería incluir “una buena muerte”.  



















4 comentarios:

  1. Lo religioso-espiritual que tambien proyectan las imágenes,como una aproximación mas conciliadora con la muerte basado en la creencia que después de la muerte hay otra vida o una mejor vida. Al acercarnos a los elementos simbólicos de muerte,nos hace sentir mas vivos que nunca.

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  2. Excelentes fotos y las esculturas son para disfrutar.
    Gracias por este artículo.
    Adolfo Blanco

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  3. Imágenes excepcionales, análisis increíble. Impecable como siempre...

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  4. Muy bueno Humberto, sabes que Ricardo Ferreira,fotógrafo venezolano, hizo un trabajo similar en los 80 y se ganó un premio CONAC de fotografía con esas fotos. Si lo consigo te aviso... éxito.

    Jorge

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