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sábado, 11 de marzo de 2017

Ángel Hernández








Ángel Hernández 
Profunda superficie, profunda

  


“Afuera es adentro, caminamos por donde nunca hemos estado,
El lugar del encuentro entre esto y aquello está aquí mismo y ahora,
Somos la intersección, la X, el aspa maravillosa que nos multiplica y nos
        interroga,
El aspa que al girar dibuja el cero, ideograma del mundo y de cada uno de nosotros”.
Octavio Paz




Profunda superficie, profunda del maestro Ángel Hernández es el resultado de un acucioso proceso de pensamiento, diseño y manufactura de la imagen. Es la muestra de una obra madura, sustentada sobre tres paradigmas claves del arte contemporáneo: el taller como laboratorio de investigación plástica, la experiencia como proceso de percepción y el diálogo de la obra con la ciencia y la tecnología.

A través de estas categorías es posible transitar las sendas que conducen a lo más fértil de una propuesta retadora e intrigante; de un laberinto geométrico hecho de laberintos. De un trabajo híbrido, constituido por múltiples dimensiones: físicas, biológicas, psicológicas, poéticas y espirituales; donde las superficies son en verdad ecosistemas estéticos y las profundidades universos virtuales. Todo en esta exposición ha sido pensado y ensamblado para derribar los hábitos y socavar la comodidad de las miradas pasivas, para percibir como el espacio, el tiempo y las ideas preconcebidas sobre el arte se transforman.










El taller como laboratorio
Ángel Hernández gestó este conjunto de obras bajo las condiciones de un ambiente particular: el taller de arte. Se trata de un lugar muy antiguo donde hoy suelen mezclarse saberes tradicionales con técnicas innovadoras. En su interior se conjugan los procesos de diseño con la producción de las obras. Es el ámbito de las ideas, el laboratorio de investigación y la factoría de producción técnica de la obra.

El trabajo en el taller inicia con el examen del artista sobre su propia experiencia. En su interior se activan el conocimiento y la pericia técnica acumulados en cincuenta años de vida profesional. Ángel Hernández es un hombre de bocetos y pruebas, de esquemas y pensamiento. Sus geometrías involucran la mente y el cuerpo. Cada proyecto es una suma de conceptos, materiales, esquemas y cálculos minuciosos.

El proceso creativo de este artista venezolano es un encuentro con los retos e influencias de toda su vida: estudios en arquitectura y arte, docencia, exposiciones en América y Europa, investigaciones sobre la perspectiva y la mirada del espectador, influencias de maestros antiguos y modernos, y su relación con el grupo Madi. Las obras nacen de estudios concienzudos, están precedidas de bocetos rigurosos y horas de reflexión. Su trabajo plástico es un universo en movimiento, siempre renovándose sin perder la coherencia.

El proceso creativo de Ángel Hernández es afín a la incorporación de metodologías novedosas para la investigación, el diseño y la producción de las obras. Para él, nuevos retos implican abordajes innovadores. En este sentido ha contado con la experticia y colaboración del Centro de Arte Daniel Suárez. Juntos elaboraron pruebas de escala, desarrollo de armonías cromáticas, variaciones de las formas en el espacio y planteamientos de formatos alternativos. Los conceptos y bocetos iniciales transitaron del papel al byte y de las ideas al software. No es una etapa más, un paso posterior; es la expansión del trabajo creativo. Es el momento de componer y descomponer las obras en los medios digitales.

La producción es la síntesis física de todas las ideas. El saber se convierte en objeto: materiales nobles, cortes de precisión con tecnología laser y ensamblaje manual de los volúmenes geométricos. Las obras de Ángel Hernández viven distintos procesos de maduración conceptual y manufactura física; suman tecnologías y enlazan saberes. Por eso, cada volumen expuesto es un desafío y una afirmación.










La obra como experiencia
El hábito nos conduce a pensar que los objetos concluidos y desplegados en las paredes de una galería son las obras de arte. Lo razonable, o al menos lo tradicional, es afirmar: ese es el trabajo del artista, es su creación, es el resultado del esfuerzo, el pensamiento y la manufactura del taller. Sin embargo, semejantes afirmaciones no son ciertas en la propuesta de Ángel Hernández. Los objetos geométricos no son las obras sino su posibilidad de existencia. Son el señuelo: una invitación.

No hay obra sin experiencia en el contexto de esta muestra. La abstracción geométrica no es una huella gráfica o un decorado. No está sobre la pared exponiendo una visión de la historia, la vida íntima de los seres humanos o un misterio divino. Es una matriz compartida entre los volúmenes virtuales y la percepción. La obra es un juego que involucra la mirada, Como afirma Hernández: "Quiera el espectador o no". La retina queda comprometida y con ella el cerebro y la totalidad del cuerpo. 











El filósofo Hans-Georg Gadamer propuso que es “Juego la pura realización del movimiento”. No lo es el objeto físico ni el sujeto que mira, es la relación donde ambos cooperan y aceptan las reglas de esa actividad. La interacción propicia una crisis en la percepción del espacio y el tiempo; ambos cambian. Lo hacen en la profundidad infinita de los volúmenes virtuales diseñados por Ángel Hernández y en la retina del espectador. La obra no es el soporte físico sino el efecto paradójico de la mirada sobre la superficie. Es el tránsito del plano bidimensional hacia una profundidad virtual variable. No hay una perspectiva, hay un universo de perspectivas. La multiplicidad es una condición de estas obras. La experiencia, la interacción, transforma los dos cuerpos involucrados en un juego: el humano, diseñado para mirar y la obra diseñada para engañar.

“Jugar es un ser jugado” afirmó Gadamer, pues los juegos se justifican a sí mismos cuando el movimiento los activa. Sucede lo propio en el trabajo de Ángel Hernández; él se ha propuesto desde sus inicios en la geometría “Imbuir al espectador en un tácito dinamismo, confundirlo” en la experiencia de la obra. No hay en su propuesta discursos literales, explicaciones del mundo y mucho menos deudas con ideologías; sólo hay riesgo. Es lo que Gadamer señaló para todo juego capaz de fascinar. Hay libertad para salir de la rutina, de la mecánica de la vida cotidiana y entrar en espacios y tiempos alternativos, activados por la interacción.









Diálogo con el presente
¿Por qué Profunda superficie, profunda es una obra contemporánea? Podemos decir que recoge y actualiza conceptos y experiencias presentes en las vanguardias del siglo XX: participación del espectador, autonomía del discurso plástico, gusto por la transgresión e investigación experimental. Sin embargo, hay algo más: las obras expuestas pertenecen a una poética del fragmento y el infinito; enunciados propios de las tendencias estéticas del siglo XXI.

La ciencia y la tecnología de los últimos dos siglos le han otorgado a la conciencia humana un prodigio singular: la experiencia de lo invisible. Hoy la vida está sujeta a escalas vedadas a los sentidos: lo más pequeño y lo más grande del universo. Sabemos de la inmensidad del cosmos tanto como de las partículas subatómicas. Y aunque ambas son inabarcables las hemos ido ensamblando a través de fragmentos.







        Las obras de Ángel Hernández tienen relación con ese juego de escalas. Ellas se comportan como los fragmentos conocidos del universo: invisibles, indeterminados y en constante movimiento. También como el microcosmos humano de la vida diaria: cambiante e interactivo. Ya sabemos que no están en el objeto físico, que aparecen en la profundidad virtual de la geometría y el conflicto “retinal” de la mirada. Ahí revelan una poética del instante, del juego y de la crisis del espacio habitual. Es una propuesta que nos hace imaginar pequeñas grietas sobre la pantalla de la realidad. Ver, a través de ellas, las cualidades ocultas, invisibles, de la constitución misma del cosmos.

La tarea del espectador en Profunda superficie, profunda no es entender sino aceptar las condiciones del juego y transformar su experiencia de vida. Por eso nunca se está frente a la obra; con respecto a ella no hay distancias, ni límites y mucho menos mandatos exteriores. Todo está en su interior, incluso nuestra propia condición humana.

El filósofo norteamericano C. S. Peirce dijo que el “placer es el único resultado concebible que se satisface consigo mismo”. El único resultado del arte es que sea arte, y para esta obra es que la superficie sea realmente una infinita profundidad. Ángel Hernández, en complicidad con el Centro de Arte Daniel Suárez, ha creado un espacio contemporáneo, un fragmento del universo donde lo esencial es la libertad y la transformación.




Exposición en el Centro de Arte Daniel Suárez

















lunes, 26 de enero de 2015



JUVENAL RAVELO 
EL CINETISMO Y LA INVESTIGACIÓN DE LA VIDA MISMA

Para valorar una obra de arte existen senderos conceptuales y analíticos muy diversos. Sin embargo, hay ciertos fundamentos que atraviesan de manera transversal el universo de perspectivas críticas. Uno de ellos nos dice que la materia física, el carácter de ser objeto de una obra, no es lo que hace de la pintura, la escultura, la fotografía, el video o las instalaciones un discurso estético. Justo por esa razón, nada es estable en ellos y siempre nos invitan a transitar experiencias sujetas a diferentes grados de complejidad. Por supuesto, lo complejo no es el resultado de la forma del objeto o la pericia técnica que lo hizo posible. Es lo invisible, la madeja de relaciones que la obra realmente es, el efecto del pensamiento y la investigación que le dio vida, y el diálogo que involucra al espectador dentro de sus coordenadas visuales y conceptuales. Es lo que el intelectual ruso MiKail Bajtín llamó “el momento constitutivo indispensable”. Es decir, el instante en el cual entra la realidad en un objeto estético y queda subordinada a un nuevo orden.

Juvenal Ravelo ha forjado su carrera a manera de un artista investigador. Al igual que la mayoría de los cinéticos ha entendido la obra como un territorio experimental. Ella es el ámbito donde convergen las prácticas, los análisis, los diálogos y las preocupaciones. Cada trabajo es una pesquisa que nunca deja de hacerle preguntas al universo. Por eso, jamás es la declaración de una verdad. En este sentido, su labor está muy lejos de la que corresponde a un especialista en procesos y materiales. También a la de un técnico en problemas ópticos o geométricos, aunque sea un maestro en todo eso. Lo que hace a Ravelo un investigador, un artista inconforme, es aquello que puede hallarse en su actitud frente al arte durante más de cincuenta años de carrera: el compromiso con la valoración de la realidad, con los problemas y cualidades perceptuales de la existencia. La vida y el arte en la obra de este maestro de Caripito son indisociables. De él podemos decir, volviendo a las ideas de Bajtín sobre la estética, que en su propuesta “la vida se encuentra no solo fuera del arte, sino también dentro de él, en toda la plenitud de su ponderabilidad valorativa: social, política, cognoscitiva y de otra índole”.

Entonces, cinetismo no debe leerse en su trabajo como la etiqueta de una escuela o una fórmula para lograr las mutaciones del espacio-tiempo y la fragmentación de la luz y el color. Es necesario comprenderlo como la interacción de la obra con el cúmulo de experiencias derivadas del hecho mismo de existir. De entender que nada es permanente y por lo tanto la operación de contemplar es siempre una invitación al tránsito y a la transformación de la realidad. El arte es aquello que hizo posible su momento histórico y el pensamiento que lo generó, los efectos provocados en la vida de los otros y el cúmulo de discursos tejidos alrededor del objeto estético. Una obra cinética es siempre un efecto visual y conceptual activado a través de la experiencia. En el caso específico de Juvenal Ravelo es también un compromiso sin fecha de caducidad. En este sentido, interactuar con su obra es entrar en una conversación donde no domina un discurso previo sino la experiencia discursiva. Así lo ha sido desde sus primeros pasos como estudiante, en su vida en París, su actividad en el Arte de participación en la calle y en sus recientes trabajos.

Caripito -Caracas- París
 Dos cosas fueron determinantes en la carrera de Juvenal Ravelo hacia la consolidación de su propuesta: la amistad con Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto, y sus estudios de sociología del arte con Pierre Francastel y Jean Cassou en la Escuela Práctica de Altos Estudios en París. Con los dos grandes maestros del cinetismo venezolano compartió el afán por la investigación óptica y los problemas del arte. De los dos profesores franceses adquirió el sentido del compromiso del artista con la sociedad, el conocimiento que relaciona al arte con la historia y la idea de que una obra no es simplemente un objeto.

Sus años en París estuvieron dedicados a un intenso esfuerzo por conseguir un discurso propio y formarse en teoría del arte. Ahí comenzó a explorar las relaciones entre la geometría, el color y los elementos reflectantes de la luz. Al igual que todos los representantes del art optique, estaba buscando la mutación del tiempo y del espacio en la interacción del observador con la geografía de accidentes visuales que propone una superficie intervenida. Se preocupó por dilucidar cómo un volumen aparente es producto de la relación óptica del ser humano con la luz y el color, por estudiar las correspondencias entre la velocidad de desplazamiento del espectador y las condiciones de la atmósfera circundante, por examinar cómo la superposición de elementos verticales sobre un relieve cromático producen un espacio virtual, una dimensión provisional o bien una realidad aparente. En fin, por lograr el efecto de la luz fragmentada en una síntesis entre geometría, volúmenes, materiales reflectantes y color. Una vez que halló el camino, incorporó los resultados de su investigación a distintos formatos: volúmenes planos con elementos en relieve, volúmenes tridimensionales, las torres de petróleo propias del paisaje de su tierra natal, la intervención de vías públicas como la Avenida Libertador en Caracas y a la arquitectura de los pueblos de Venezuela y Francia.

Ravelo, una vez que maduró su discurso, decidió ahondar en su idea de que el arte es una tarea incompleta si no está vinculada a la transformación del ser humano, a la lucha social y a los valores universales de solidaridad y compromiso. Lo hizo ampliando su propuesta cinética a lo que dio a conocer como Arte de participación en la calle. Fue en 1975, en el barrio Los Cerritos, donde inició este proyecto que luego llevaría a otras comunidades populares y académicas dentro y fuera del país. Ahí la experiencia, que Julio Cortázar llamó “un arte que reivindica a los vecinos olvidados en los rincones alejados de los grandes centros de cultura del mundo”, es profunda y extrema. Sin duda ha sido uno de sus grandes logros. Con esta iniciativa movilizó el espíritu de miles de personas que habían hecho de su vida, de su pueblo y de sus aspiraciones un continuum de silencio y conformidad. Organizados en cuadrillas —que llevan el nombre de grandes creadores venezolanos como Armando Reverón—, motivados por el artista y su equipo de trabajo, y con la ilusión de transformar la realidad que los acoge, los habitantes de los pueblos salen a pintar sus casas y espacios públicos. Entonces, aquello que una vez fue un rincón olvidado por el mundo se convierte en una gran obra cinética capaz de otorgarle una nueva vida a toda la comunidad.

 Artista-Antena
            "Soy todos los autores que he leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado. Todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados...". Estas palabras de Jorge Luis Borges coinciden con la experiencia de Juvenal Ravelo en el arte; con las consecuencias que ha tenido en su obra. Si bien no podemos encontrar en alguna de sus piezas referencias específicas a una disposición emocional, la racionalidad con la cual afronta el proceso creativo está cargada de intensos modos de exploración vital. En él hallamos a un viajante despierto a los fenómenos sensibles y conceptuales de la realidad. Es una suerte de antena de los acontecimientos visuales, lingüísticos, musicales y culturales en general. Por eso, es también un hombre de deudas y homenajes, muchas de sus obras están dedicadas a otros artistas, a escritores o a los diablos de Yare como hace en uno de sus más recientes trabajos.

            Es su condición de artista andariego, de vivir entre Caripito, Caracas y París, la que ha provocado variaciones en su propuesta de fragmentación de la luz y del color. Conceptualmente ha sido siempre un lector incansable, ha mantenido su espíritu de lucha a favor del pueblo y la cultura, y ha buscado la conversación profunda sobre el arte. Sin embargo, en su investigación plástica el ambiente ha determinado los cambios en las variaciones cromáticas. Esto es natural en alguien que se desplaza atento a la sensibilidad. Diferentes tonos que corresponden a diferentes ciudades: armonías de grises y blanco y negro dominaban su estadía en París. Ahí el color casi no aparecía. Luego en Venezuela, sobre todo en las piezas que ha desarrollado los últimos años en complicidad con el taller de la Fundación Daniel Suárez, emergió una potencia cromática que nos revela la exploración que ha hecho del color y la luz del trópico. Juvenal Ravelo es un investigador de lo visual y lo social, pero, sobre todo, del movimiento de la vida misma.      
   

Juvenal Ravelo
Nace en Caripito, estado Monagas, Venezuela, el 23 de diciembre de 1934.
Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Caracas y Barquisimeto, en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas y en Escuela práctica de Altos Estudios de la Universidad Sorbona en París. Vive y trabaja en Venezuela.

Principales museos y colecciones privadas
Museo de Arte de París. Francia.
Museo Perpignan. Francia.
Ministerio de la Cultura. Francia.
Fundación Bertrand Russell. Inglaterra.
Banco Interamericano de Desarrollo. USA.
Museo de Arte Contemporáneo de Managua. Nicaragua.
Galería de Arte Nacional. Venezuela.
Pinacoteca del Banco Central de Venezuela.
Museo Jesús Soto. Venezuela.
Museo Mateo Manaure. Venezuela.
Museo de Arte Moderno de Maracay Mario Abreu. Venezuela.
Museo de la Estampa y el Diseño carlos Cruz-Diez. Venezuela.
Universidad de los Andes. Venezuela.
Universidad Católica Andrés Bello. Venezuela.
Colección Frank Popper. Francia.
Colección Gastón Diehl. Francia.
Colección Bruno y Mary Levi. Brasil.
Colección Espacio de Arte Yumares. USA.
Colección Lía Bermúdez. Venezuela.
Colección Alfredo Boulton. Venezuela.
Colección Fundación Beracasa. Venezuela.

Principales intervenciones en la arquitectura
Mural de Arte de Participación. Marcigny. Francia.
Módulos Cromáticos Mural. Avenida Libertador. Municipio Chacao. Caracas. Venezuela.
Prisma Tridimensional. Estación Maternidad del Metro de Caracas. Venezuela.
Mural Universidad Católica Andrés Bello. Caracas. Venezuela.
Mural en el Aeropuerto Internacional José Tadeo Monagas. Maturín. Venezuela.
Mural Colegio de Médicos de Maturín. Venezuela.
Mural Fachada del diario El Oriental. Maturín. Venezuela.

Principales distinciones nacionales e internacionales
Premio Nacional de Artes Plásticas 2008. Venezuela.
Hijo Ilustre del Estado Monagas. Venezuela.
Mención Honorífica. Exposición de Arte del Caribe. NY. USA.
Premio Nacional en el III Festival Internacional de Arte Cagnes Sur-Mer. Francia.